martes, 8 de enero de 2013

¿Sabes cuál es la forma correcta de comer fruta?



La fruta es un alimento perfecto, ya que gastamos una mínima cantidad de energía para digerirla y le da a nuestro cuerpo el máximo rendimiento.

La fruta es el  único alimento que hace trabajar el cerebro y la glucosa.

La fruta es principalmente fructosa (que se puede transformar fácilmente en glucosa) y en la mayor parte de las veces es 90-95% agua. Esto significa que limpia y alimenta al mismo tiempo.

El único problema es que la mayoría de la gente no sabe comerla, o más bien, no la come de la forma correcta, la cual le permita al cuerpo utilizar sus nutrientes.

¿Por qué la fruta se debe comer con el ESTÓMAGO VACÍO?  La razón fundamental es que la fruta, en principio, no se digiere en el estómago, sino más bien en el intestino delgado.
La frutas pasan rápidamente por el estómago, de donde se van al intestino, en donde liberan sus azúcares. Pero si hay carne, papas o almidones en el estómago, las frutas se quedan atrapadas y comienzan a fermentarse.

¿Has comido fruta como postre después de una comida abundante y has pasado el resto de la noche con dolores y un reflujo horrible?  Es porque no la comiste correctamente. Siempre se debe comer fruta con el estómago vacío.
 
El mejor tipo es la fruta fresca o el jugo extraído en el momento. No se debe beber jugo de fruta enlatado o en recipientes de vidrio. ¿Por qué no? Porque la mayoría de las veces, el jugo se ha recalentado en el proceso de sellar el recipiente y su estructura se ha vuelto ácida.

¿Quieres hacer la más preciosa adquisición posible? Cómprate un extractor. Ya que así podrás  beber el jugo obtenido con el extractor como si fuera fruta fresca, siempre con el estómago vacío. El jugo es digerido tan rápidamente que se puede ingerir una comida quince o veinte minutos después.

La fruta es el mejor alimento que podemos comer para protegernos contra las enfermedades cardíacas.

Las frutas contienen bioflavonoides (vitamina P) que impiden que la sangre se espese y que se obstruyan las arterias.  Además, refuerzan los capilares, y los capilares débiles suelen ser la causa de hemorragias internas y ataques al corazón.

 


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